La historia del hotel Overlook de

QRÓNICAS DEL MISTERIO

La historia del hotel Overlook de "El resplandor"

La historia del hotel Overlook de "El resplandor"

"Ven a jugar con nosotras Danny..para siempre..para siempre..". Quizá sea la escena más aterradora de la película "El Resplandor" de Stanley Kubrick. Un crío recorriendo los pasillos desiertos y enmoquetados de un lujoso hotel desierto, de nombre ficticio "Hotel Overlook" doblando esquinas y recovecos hasta que frena su triciclo de golpe ante la visión aterradora y fantasmal de dos niñas gemelas cogidas de la mano que le dicen "Ven a jugar con nosotras Danny..para siempre..para siempre..". mientras la visión varía fugazmente mostrando a las niñas ensangrentadas en el suelo. 

Protagonizada por Jack Nicholson, Shelley Duvall y el niño Danny Lloyd, la película narraba la historia de Jack Torrance, un escritor ex-alcohólico, que aceptaba un puesto como vigilante de invierno en el solitario hotel Overlook, construido sobre un antiguo cementerio de los nativos americanos y ubicado en las altas montañas de Colorado , al que se trasladaba con su esposa Wendy y su pequeño hijo Danny, quien tenía una excepcional capacidad de percepción extrasensorial conocida como “El Resplandor”, que le hacía evocar episodios pasados que no ha vivido y anticipar hechos del futuro. Una vez en el lugar, Torrance comenzaba a tener espantosas visiones y a sufrir inquietantes trastornos de personalidad debido al aislamiento, el insomnio y a la maléfica influencia del lugar ( y a su fatídica habitación 237, donde el vigilante anterior había matado a su esposa y sus dos pequeñas hijas), por lo que terminaba intentando desatar una homicida espiral de violencia contra su propia familia, que a su vez también eran testigos de espantosos fenómenos sobrenaturales.

Pues bien, el hotel existe y además nos podemos alojar en él, lástima que pille un poco a desmano. Su nombre real es Hotel Stanley. Situado en el municipio de Estes Park (Colorado), y a solo 8 kilómetros de la entrada al Parque Nacional de las Montañas Rocosas, el establecimiento –que Stephen King bautizó en su libro como Hotel Overlook– fue inaugurado en 1909 con la intención de alojar a la creciente clase alta urbana del país, para que pudiera vivir unas vacaciones en un entorno natural abrumadoramente salvaje pero sin renunciar a ninguna de las comodidades de un hotel de primera división.

Su fundador, Freelan Oscar Stanley (1849-1940), pionero del revelado fotográfico, la automoción y la construcción en hormigón armado, además de un respetado luthier, contrajo tuberculosis y decidió recorrer los 3.200 kilómetros que separan Massachussets de Colorado para respirar aire fresco. Su mujer y él acabaron en Estes Park y, tras pasar todo el verano en las montañas, su salud mejoró notablemente.

Impresionado por la belleza del valle, pero no con las humildes opciones de alojamiento de la zona, Stanley decidió construir un hotel “como Dios manda”, en el que pudieran alojarse sus amigos de la alta sociedad de Nueva Inglaterra. Sin escatimar en gastos levantó, en lo que entonces era el medio de la nada, un enorme edificio de 48 habitaciones con ascensor hidráulico, alumbrado eléctrico y de gas, agua corriente y teléfono. El hotel contaba incluso con una flota de coches a vapor de 12 plazas diseñados por el propio Stanley para llevar y traer a los huéspedes a la estación de tren, situada a 30 kilómetros.

Durante sus años de esplendor el hotel recibió la visita de personalidades como Theodore Roosevelt, Bob Dylan, Billy Graham, el emperador Hirohito de Japón o John Philip Sousa, pero, pese a la dedicación de Stanley, el proyecto fue un fracaso. El establecimiento solo abría en verano (el hotel no contó con calefacción hasta 1983) y no lograba atraer a la suficiente clientela para que salieran las cuentas. En 1926 su fundador lo vendió a una compañía privada creada con la única intención de gestionar el establecimiento y en años sucesivos fue cambiando de manos, mientras el hotel entraba en franca decadencia.

No ayudó tampoco que empezaran a circular rumores que aseguraban que el hotel estaba encantado. Las historias de fantasmas aparecieron poco tiempo después de la inauguración. En 1911, Elizabeth Wilson, una de las camareras de piso se electrocutó durante una tormenta. Aunque no murió, en la habitación donde recibió la descarga, la 217, empezaron a registrarse fenómenos supuestamente paranormales.

Medio siglo después de su inauguración, en los años 70, la zona de las Montañas Rocosas –que había sido declarada parque Nacional en 1915, gracias en parte al esfuerzo de Stanley– era un centro turístico de primer orden, pero el hotel Stanley estaba al borde de la quiebra: a los ricos allí no se les había perdido nada y los nuevos viajeros mochileros no podían pagar lo que costaban sus habitaciones. Pero fue entonces cuando el establecimiento recibió la visita de su huesped más insigne, que cambió para siempre su historia (y le devolvió los visitantes).

Tras publicar sus dos primeras novelas, 'Carrie' y 'El misterio de Salem´s Lot' Stephen King empezaba a ser un escritor conocido pero quería que su nueva novela fuera distinta o, al menos, que no estuviera ambientada en Maine. Así que abrió un atlas de Estados Unidos, lo puso sobre la mesa de la cocina y buscó al azar un lugar donde ambientar su próximo libro. Su dedo cayó sobre Boulder, Colorado, y a principios de 1974, junto a su esposa, Tabitha, y sus dos hijos, Naomi y Joe, se mudó a la otra punta del país.

Con motivo de la festividad de Halloween, King decidió pasar unos días de vacaciones junto a su mujer y, buscando lugares cerca de su nueva casa, dio con el Hotel Stanley. Tal como se cuenta en su biografía –'Stephen King: America's Best-Loved Boogeyman'–, el escritor se registró en el hotel un 30 de octubre. Justamente en la habitación 217. “Cuando llegamos, estaban a punto de cerrar por fin de temporada, y así nos encontramos como los únicos huéspedes del hotel, con todos esos largos y vacíos pasillos...”, explicó el novelista. También cuenta que cuando Tabitha regresó a la habitación después de cenar se encontró con las maletas deshechas y todo perfectamente colocado. 

Por cierto, que en la novela la fatídica (Y auténtica) habitación es la 217. Kubrick la cambió a la 237 a petición expresa de la dirección del hotel por miedo a que nadie quisera alojarse en ella. 

La noche de su llegada, el matrimonio King pidió el único plato disponible a esas alturas en el restaurante del hotel. “Con excepción de nuestra mesa, todas las sillas estaban encima de las mesas”, relató el escritor. “Mientras, la música hacia eco en el pasillo, y fue como si Dios me hubiese puesto allí para escuchar y ver esas cosas. Y cuando me fui a la cama esa noche, tuve el libro en mi mente”.

Tras la cena, Tabitha se marchó a la cama, pero su marido, suponemos que en busca de inspiración para su libro, decidió dar un paseo por el hotel. Y, como no podría ser de otra forma, acabó en el bar, donde empezó a darle forma al personaje de Jack Torrance, el protagonista de 'El resplandor', que tiene mucho de autobiográfico (entre otras cosas, el alcoholismo). Tras la cena, Tabitha se  ser de otra forma, acabó en el bar, donde empezó a barruntar el personaje de Jack Torrance, el protagonista del libro y del film. Después se fue a la habitación y se acostó. “Esa noche soñé que mi hijo de tres años corría por los pasillos, mirando hacia atrás sobre su hombro, con los ojos dilatados, gritando. Estaba siendo perseguido por una manguera de incendio. Me desperté con un tremendo espasmo, transpirado entero, a una pulgada de caerme de la cama. Me levanté, encendí un cigarrillo, me senté en una silla mirando por la ventana a las Rocosas y, para el momento en que el cigarrillo se había deshecho, tuve el armazón del libro firmemente establecido en mi mente” relata King. También hay un pequeño cementerio de mascotas ubicado en la propiedad. Este podría haber sido la inspiración para la historia de Stephen King “Pet Cemetery”(Cementerio de Animales), una terrorífica historia que os recomiendo fervientemente. 

El libro se publicó tres años después de la visita de King al hotel, en 1977, y fue su primer superventas, que le consagró como el gran autor de terror del momento. En 1980, Stanley Kubrick estrenó su famosa adaptación de la novela. Y, aunque ninguno hace referencia al hotel real en el que se ambienta la historia, pronto el Stanley empezó a recibir cientos de visitantes que buscan ver a sus famosos fantasmas.

En cuanto los dueños del Hotel Stanley percibieron que su fama de fantasmagórico podía atraer más turistas de los que ahuyentaba, empezaron a promocionar esta faceta del establecimiento. “Después de un siglo de recopilar espíritus”, puede leerse en su página web, “el hotel ha sido reconocido por los especialistas y expertos en el campo de la investigación paranormal como uno de los sitios más activos de la nación”. 

Y, claro está, desde que el hotel atrae a todo tipo de cazafantasmas, no dejan de sucederse los avistamientos. No hace mucho el hotel volvió a ser noticia cuando uno de sus huéspedes, Henry Yau, compartió una foto en Instagram en la que puede verse a una extraña mujer subiendo por las escaleras.

Fotos como esta son comunes en el hotel, que ha atraído a lo más granado del mundillo del misterio. En 2006, el equipo del programa 'Ghost Hunters' realizó allí una de sus investigaciones. Los cazafantasmas descubrieron que muchos de los supuestos fenómenos fantasmales tenían una explicación racional; y eran fruto de corrientes de viento o el funcionamiento de las tuberías, aunque no lograron explicar otros incidentes, como cuando, durante el cambio de la película de la cámara (que coincidencia), una mesa se elevó medio metro en el aire.

La Rocky Mountain Paranormal Research Society también ha realizado investigaciones en el hotel y no encontró ningún fenómeno extraño. La mayoría de los incidentes conocidos por el personal del establecimiento podía justificarse debido a los ruidos de mapaches que corretean por el tejado del hotel, cristales de ventanas sueltos e, incluso, cazafantasmas aficionados que se dedican a merodear alrededor del hotel de madrugada.

Pero, pese a que ni siquiera los investigadores de lo paranormal han encontrado nada demasiado extraño en el hotel, sus visitantes siguen asegurando ver fantasmas día sí y día también. ¿Por qué ocurre esto? Según explica Benjamin Radford en 'Discovery News', el contexto juega un importantísimo rol en la aparición de supuestos fenómenos paranormales. Cuando la gente saca una foto con doble exposición, motas de polvo o sombras extrañas en un partido de fútbol o una fiesta de cumpleaños, las borra pensando, lógicamente, que es una foto mal hecha. Pero cuando hacemos fotos de ese estilo en sitios donde pensamos, hay actividad paranormal, estamos convencidos de que hemos sido testigos de un fenómeno inexplicable.

 La sugestión es poderosa, y nuestras expectativas pueden influir, e influyen, en nuestras interpretaciones. 

Y claro, un lugar así no puede escaparse de leyendas y rumores. Algunos testimonios hablan de que , como el hotel cierra en invierno, muchos vagabundos se colaban en sus instalaciones a refugiarse de la nieve y el frio. Muchos morían por hipotermia o de hambre y dicen que sus almas vagan por el recinto. En la Sala de Conciertos se escuchan gritos y lamentos que asocian a una indigente que encontraron viviendo en el sótano y que más tarde murió congelada en la calle. Los empleados del hotel creen que su espíritu regresa al sótano para calentarse del frío invierno como cuando estaba viva.

Siguiendo con rumores no demostrados: Los fenómenos paranormales más recurrentes el Hotel Stanley van desde sonidos de voces, movimientos de cosas sin causa aparente hasta apariciones. Pero veamos más en detalle cada una de ellas:

Muchos turistas afirman el haber oído voces de niños que parecían estar riendo y jugando. También el haber presenciado la imagen de un pequeño que corre y desaparece en el aire.

Otros comentan que dentro de los cuartos las cosas se mueven “solas” o las encuentran de repente cambiadas de lugar; también sucede que los grifos se abren y el agua sale a borbotones con una presión poco usual.

Todos están convencidísimos que en la habitación 217 (la habitación donde se electrocutó la anteriormente citada camarera, y la habitación maldita tanto en la novela de King como en la película de Kubrick) se hospeda un fantasma y, mientras la misma estuvo abierta al público, todo el que intentaba pasar unas horas allí dentro era presa de la furia de este espectro que no aceptaba la presencia de extraños en sus aposentos. Por esta razón las autoridades del hotel optaron por clausurar el cuarto y no alquilarlo a nadie más.

Luces extrañas que recorren los ambientes a gran velocidad, el sonido de un viejo piano que nadie toca en el famoso salón de baile y que cesa cuando se accede a la estancia vienen a completar esta colección de hechos insólitos y espeluznantes. 

También se cuenta que las alucinaciones de Jack Torrance cuando habla con un inexistente camarero en un salón con música que está desierto tienen algo de verdad por cosas que experimentó King la noche que se paseó por los pasillos del Stanley.

Otro espectro que pasea por el hotel no es ni mas ni menos que el de Freelan Oscar Stanley, el fundador y dueño de tan inquietante lugar. Dicen que su fantasma se deja ver recurrentemente en la sala de billar, su favorita.

Según Billy Ward, recepcionista del hotel, son varias las habitaciones en las que se puede observar actividad paranormal. Una de ellas es la habitación 407, que se dice es a veces ocupada por Lord Dunraven, propietario de la tierra antes de la compra de ésta por Stanley. Según se informa, le gusta estar en la esquina de la habitación cerca de la puerta del baño y por ello se puede observar en esa zona una extraña luz. En otras ocasiones, se ha podido ver un rostro asomado a la ventana de esta habitación cuando en ella no había nadie alojado.

La habitación 418 tiene muchos informes de actividad al parecer de los espíritus de unos niños. El servicio de limpieza del Hotel, ha escuchado ruidos extraños procedentes de esta habitación y la huella de algunos cuerpos pequeños sobre la cama sin que haya alojado nadie en ella. Muchos son los huéspedes que han protestado en recepción por el ruido causado por unos niños jugando en el pasillo de la 4ª planta, cuando no había ninguno alojado en el Hotel. Parece ser que podrían ser los hijos de una camarera del Hotel que trabajó allí en los años 20.

De hecho se les ha visto jugando con una pelota a un niño y una niña de pelo rubio a lo largo del pasillo, parece ser que Stephen King los vio durante su estancia en el Hotel. ¿Esa visión podría ser el génesis de la terrorífica escena de las niñas del pasillo?. Tal vez. Lo que sí sabemos es en quienes se inspiró Kubrick para la escena de la película, las hijas de la fotógrafa Diane Arbus, muy amiga de Kubrick. Es evidente que el director les dedicó un guiño-homenaje. Por otro lado  se dice que en la espeluznante secuencia en la que la sangre brota  del ascensor se puede ver una silueta humana que parece caer accidentalmente junto a las puertas, aunque yo por mas que miro no he logrado verla. 

Aunque no pase nada allí, está claro que sería uno de mis lugares preferidos para descansar y seguir llevando ésta página...aunque quién sabe, igual en vez de un texto como éste, me aparece escrito “No por mucho madrugar amanece más temprano” una y otra vez, una y otra vez..

 

 

La historia del hotel Overlook de "El resplandor"