Los fantasmas del cementerio de San Miguel en Málaga

QRÓNICA DEL MISTERIO

Los fantasmas del cementerio de San Miguel en Málaga

Los fantasmas del cementerio de San Miguel en Málaga
Existe un cementerio en Málaga cargado de leyendas y de testimonios a lo largo de las décadas el cual visité hace tiempo.

Se trata del cementerio de San Miguel. Ubicado en la Plaza del Patrocinio, en el barrio de Fuente Olletas. Inaugurado en 1.810 y de estilo neoclásico,  se trata de uno de los principales cementerios monumentales de Andalucía y una de las pocas necrópolis del siglo XIX, que se han conservado prácticamente íntegras en España. Fue clausurado en 1987 debido al crecimiento del barrio y la inclusión del cementerio en el propio vecindario,  y fue reconvertido en columbario, quedando circunscrito en su extensión a los dos patios monumentales. 

JANE BOWLES

Éste camposanto alberga las tumbas y panteones de algunos personajes notables, como el General Torrijos, el marqués de Larios, o la escritora neoyorkina Jane Bowles, fallecida en Málaga en 1.973. Y parece ser que el fantasma de Jane es uno de los moradores del cementerio. Cuentan que la escritora tiene la costumbre de aparecerse en el aniversario de su fallecimiento cuando sus amigos y admiradores visitan su tumba. La primera vez que se percataron de tal suceso, se encontraban un grupo de personas recordando a Jane ante su humilde panteón, un módulo vertical donde se encuentra la foto de la escritora y el año de su nacimiento (1.917) y de su fallecimiento (1.973). Encendieron velas y depositaron flores, cuando una de las personas del grupo, en el cual todos se conocían entre sí, se percató que una mujer vestida de negro que no pertenecía al grupo se les había unido en un discreto segundo plano. El hombre miró la foto del panteón y se quedó atónito al ver el asombroso parecido de aquella mujer con Jane. Advirtió a los demás de la extraña presencia, y efectivamente, los demás también vieron a esa dama de negro identica a Jane, que con la mirada perdida, miraba su panteón. SIn mediar palabra dió media vuelta y se retiró caminando lentamente, doblando la esquina por detrás de un gran panteón hacia la zona donde se hallan las tumbas de los escritores y artistas malagueños. El grupo se dispersó por varias zonas buscando la misteriosa presencia, pero se había esfumado sin dejar rastro, dejando a todos totalmente asombrados. Los visitantes habituales del mausoleo de Jane afirman que ésta se aparece cada aniversario de su muerte, desapareciendo tal como vino sin más.

Otro caso es el de la llamada "Novia cadáver", Carolina R.G., fallecida en 1.928 a causa de granulia pulmonar, el llamado "Mal de amores", al parecer su novio la plantó en el altar. Varios vigilantes afirman que han visto una imagen espectral de una mujer vestida de novia vagando por el cementerio la cual dicen que puede ser el fantasma de Carolina. Se cuenta que ésta se vengó de su marido, ya que falleció una semana después de la muerte de Carolina en un accidente.

O la tumba de la niña Maria Marta, fallecida en accidente de tráfico a los pocos años de nacer. Varios testigos, entre los que se encuentra José Fernández, fraile que lleva mas de 30 años cuidando el camposanto, cuentan que en un rincón de su tumba han visto la silueta semi transparente de una niña. Los lugareños dicen que Maria Marta intercede en problemas de pareja, estando su tumba llena de cartas de personas pidiendo porque se solucionen sus problemas amorosos.

Pero quizá el fantasma más popular sea el del niño Antoñito. Transcurría el año 1.985 y una noche de noviembre, José Fernández, el fraile antes mencionado tuvo que pasar varias noches durmiendo en la capilla del camposanto debido a unas obras en su vivienda habitual.   Se encontraba despierto y tranquilo, a eso de las dos de la madrugada, «rezando vísperas» y sin saber muy bien el por qué,sintió el impulso de salir afuera a continuar rezando. En el silencio nocturno escuchó el lamento de un niño pequeño. Atónito, prestó atención y lo que escuchó fue que el niño decía "¡Mamá!, ¡Mamá!". Convencido de que lo que estaba oyendo era real, caminó en la direccion que le marcaba el lamento, hasta dar con el origen del mismo, en el interior de un nicho. Al día siguiente, consultó los libros de defunciones en el archivo de la necrópolis y descubrió con asombro, que en aquel nicho reposaban los restos de un niño fallecido a los dos años: Antoñito, muerto como consecuencia de una leucemia. A partir de la noche en que se produjo por primera vez, este misterioso fenómeno se ha repetido con asiduidad, a distintas horas y con diferentes variantes. Pero no ha sido la única situación extraña vivida por José Fernández en el cementerio. En diversas ocasiones también ha visto a un niño de corta edad que entraba corriendo en la capilla, cuando el camposanto ya estaba cerrado al público. Se trata de una visión algo confusa, ya que el pequeño pasaba a gran velocidad y, en el momento en que Fernández se volvía y veía su silueta, desaparecía tan repentinamente como había irrumpido en la capilla.También otras personas declaran haber visto este niño a lo lejos en diversos lugares del camposanto. Según sus testimonios, en algunas ocasiones se aparece ataviado con vestimentas blancas y vaporosas, levitando sobre el suelo, como si flotara en el aire. Tras conocer el incidente vivido por el «Hermano Pepe», algunas personas acudieron a la tumba del niño para dejar en su nicho caramelos y cartones de leche, como un presente para el pequeño. De manera misteriosa, y en numerosas ocasiones con el cementerio cerrado, han desaparecido los caramelos o tenían el envoltorio quitado, e incluso estaban mordisqueados por dientes muy pequeños. 

Tuve la gran suerte de entrevistarme con el Hermano José Fernández, testigo en primera persona de los extraños fenómenos que acabo de relatar. Aunque han pasado muchos años desde que vivió aquellas experiencias, es sorprendente comprobar lo fresco que tiene en la memoria todo lo que vivió. Sentado junto a el a la sombra de un árbol, me relata tranquilamente los fenómenos de los que fue testigo. Incluso me indica con la mano uno de los corredores de tumbas, por los cuales asegura que, a día de hoy, ve muchas veces a Antoñito corriendo entre mausoleos, riendo y escondiéndose. Lo cuenta con serenidad y naturalidad pasmosas, y; aunque lo que relata es realmente insólito, cuesta no creer su testimonio. 

Sin duda un lugar lleno de misterios, leyendas e historias asombrosas.

J.R.

Los fantasmas del cementerio de San Miguel en Málaga