José Manuel Delgado Ramos
José Manuel Delgado Ramos

EL RINCÓN DEL DESNARIGADO

El lamento del pirata

El lamento del pirata

¡Cómo sufre mi perla! Y es que, entre mis tantas travesías, sólo escucho el sollozo de sus entrañas.

Montado en un dromedario como más de uno puede imaginarse, recorrer las calles de mi ciudad, desértica por supuesto, es un riesgo para cualquier ser humano. Y para el incrédulo e ignorante que lo crea, le invito a que siga profundizando en sus grandes conocimientos, que seguro, son amplios.

Más allá de la sátira de las altas esferas, Ceuta grita en el desierto. Una realidad, por desgracia. Gente descontenta por personas; personas humilladas por los gobiernos; gobiernos que veneran a la perla y la perla en el fondo del mar.

Nuestra autonomía no es racista querido lector; es clasista. Si no me creen, pregunten al vecino octogenario de a pie. Hablo de la población que sonríe, no la que se ausenta y con su silencio, sentencia y evidencia la repulsa de la convivencia. Y entiéndanme. Mucha gente de bien arriba y mucho canalla abajo. ¡Y que daño más grande le hace eso a mi perla!

Desde aquí, aplaudo enérgicamente a los vecinos de O'Donnell. ¿Por qué? No por impedir una violación o un robo, tal vez. Es por hacer algo de bien en una ciudad que se deja llevar día tras día con el oleaje. Ciudadanos, comprometidos con su ciudad. Muchos hay y pocos son.

Los jóvenes huimos de esa rutina. Estamos cansados o aspiramos a romper con la frontera, la nuestra propia. Apenados de la evolución de nuestra historia y eso, que es digna de elogio, debemos volver a construir una necrópolis. Por fuera, ni tocarla. Está preciosa.

El Desnarigado estaría triste al ver una ciudad estratégica, utilizada como moneda de cambio. Estamos cansados, todos. Los de dentro, los de fuera y no sé yo, si alguno de arriba. Necesitamos unas nuevas Qolumnas de Hércules o un barco digno con el que surcar los mares y avanzar.

Seguirá lamentándose el pirata. Mientras tanto, “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. ¡Ah! Y mucho cuidado por si resbalan.

El lamento del pirata