La ruta de Magallanes y Elcano: un vasto mundo por conocer

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La ruta de Magallanes y Elcano: un vasto mundo por conocer

La ruta de Magallanes y Elcano: un vasto mundo por conocer

La primera vuelta al mundo supone uno de los grandes hitos históricos logrados por el antiguo Imperio español.


Cuando el marino portugués Fernando de Magallanes, navegante de gran valía y con una incontable cantidad de mares surcados a las espaldas mantuvo su esperada audiencia con el rey luso Manuel I para explicarle los pormenores de la empresa en la que deseaba embarcarse, el monarca no pudo por menos que contener la risa:


Aquel viejo aristócrata le proponía hacer un ingente acopio de recursos para poner rumbo a las islas Molucas, situadas en Indonesia y conocidas por sus valiosas y exóticas especias.


Por entonces el Imperio Portugués controlaba ya una ruta comercial con la que acceder a dicho archipiélago a través de la zona sur de África, a lo que Magallanes replicó que según sus estimaciones resultaría mucho más conveniente navegar hacia el oeste, cruzando América del Sur.


El desdén con el que fue tratado el veterano provocó que este solicitara a Manuel I el estatus de apátrida para así poder emplearse con otra corona más dispuesta a asumir semejantes riesgos, algo a lo que el soberano accedió de buena gana.


Nadie imaginó que la historia de una expedición que tenía como objetivo ofrecer trayectos mercantiles más ventajosos acabaría quedando grabada en los anales de la historia como la primera vuelta al mundo de la que se tiene constancia.


Pasó un tiempo hasta que el experimentado marinero se dejara ver por la corte del joven Carlos I de España con el mismo propósito.


El recién llegado mandatario, siguiendo los mismos pasos que sus abuelos los Reyes Católicos con el ya legendario proyecto de Cristobal Colón aceptó la propuesta de Magallanes a través de una famosa capitulación a favor del portugués.


Una flota integrada por 5 naos partió así de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 para dirigirse primero a las islas del Cabo Verde y alcanzar luego a la bahía de Río de Janeiro en diciembre del mismo año.


Fue a partir de ese momento que el viaje tomó un cariz mucho más dificultoso al no encontrar la expedición el pasaje mediante el cual seguir avanzando hacia poniente.


Las inclemencias climatológicas, sumado al hambre y a los constantes motines provocó que el buque San Antonio, que contenía la mayor parte de las provisiones de la tripulación abandonara la cruzada y pusiera rumbo de regreso a España, abandonando al resto del equipo a su suerte.


En semejantes condiciones y a pesar del duro desafío que supuso la escasez de víveres y el gélido invierno, Magallanes y sus hombres finalmente encontraron el ansiado camino con el que transitar hacia el otro lado de América del Sur.


De este modo, en noviembre de 1520 los navíos accedieron a lo que el conquistador español Núñez de Balboa llamó «mar del Sur», hoy día conocido como océano Pacífico.


Sin embargo y debido a los malos cálculos realizados por el comandante portugués al considerar que la circunferencia de la Tierra era considerablemente menor, la travesía por aquellas vastas aguas acabó por convertirse en un infierno, motivo por el que decidió cambiar momentáneamente su destino a Filipinas.

Fue allí donde, tras diversos altercados con los jefes locales, Magallanes resultó muerto a manos de los indígenas al intentar inmiscuirse en la política caciquil para obtener parte de las fortunas de esas tierras.


El español Juan Sebastián Elcano tomó ahora el relevo del fallecido y, dirigiendo hábilmente las naves restantes, pudieron finalmente atracar en las islas Molucas en noviembre de 1521, donde cargaron todas las especias necesarias para iniciar el viaje de vuelta lo antes posible.


Siguiendo el camino del Índico, la aventura finalizaría 6 de septiembre de 1522 con la llegada de Elcano al puerto de Cádiz.


3 años más tardes y con menos de un cuarto de los hombres que partieron inicialmente, se había consumado una de las hazañas más importantes de la historia universal que no sólo permitió conocer en mayor detalle la grandiosidad del mundo que nos rodeaba, sino también hasta donde era capaz de llegar la propia perseverancia humana.


 


 

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