Una institución al servicio del ciudadano: Orígenes de la policía nacional

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Una institución al servicio del ciudadano: Orígenes de la policía nacional

Una institución al servicio del ciudadano: Orígenes de la policía nacional

El Cuerpo Nacional de Policía acaba de cumplir 196 años.

«Hacedme saber la opinión y las necesidades de mis pueblos, e indicadme los medios para reprimir el espíritu de sedición, extirpar los elementos de la discordia y desobstruir todos los manantiales de prosperidad». Estas fueron las palabras con las que el intransigente Fernando VII dio la bienvenida a la recién formada Policía del Reino, precursora de la actual policía nacional en el año 1823.


El Borbón, poco después haber puesto fin al Trienio Liberal con la violenta colaboración de fuerzas francesas, trató de implementar un paquete de medidas que lograra homologar a España con el resto de países avanzados además de aumentar su escasa popularidad entre las masas.


Es de este modo que, a pesar de su polémica personalidad y gestión, dispuso las bases para la creación de una eficiente administración de hacienda, fundó la Bolsa de Madrid y promulgó una real cédula que ponía en vigor la conformación de un cuerpo de policía que velara por los intereses del ciudadano de a pie.


El origen de este último obedecía a muy distintas razones: España necesitaba de una propuesta moderna que garantizara la seguridad interna de la patria y que a la vez barriera el truculento pasado que pudiera encarnar la Inquisición. Así mismo, se hacían imprescindibles unidades disciplinadas que sustituyera a las distintas milicias regionales de voluntarios –como los migueletes en el caso andaluz– y aumentara la seguridad en los caminos para controlar los casos de bandolerismo.


No obstante, las sustanciales diferencias existentes entre el campo y la ciudad produjo la puesta en marcha de dos reglamentos bien diferenciados para estas jóvenes fuerzas del orden: uno que fuese aplicado a los focos urbanos de las grandes ciudades y otros cuyo cumplimiento fuese obligado en zonas y regiones rurales.

Así, se logró una normativa sistematizada que favoreció la profesionalización de estos empleados públicos y gracias a los cuales su indispensable labor se extiende ya por casi 3 siglos.


Alguna de los trabajos que en un principio desempeñaban iba desde expedir los permisos requeridos para que los artistas callejeros pudieran ejercer su actividad libremente hasta asegurar la tranquilidad y concordia en los baños públicos.


No obstante, y a pesar del enorme cambio experimentado en estos y otros ámbitos como consecuencia del paso del tiempo, la valía, coraje y vocación por servir sigue siendo el rasgo más destacable de estos grandes –y, en muchos casos anónimos– héroes.

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