Parásitos: cómo se hace el buen cine

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Parásitos: cómo se hace el buen cine

Parásitos: cómo se hace el buen cine
El film oriental se ha mantenido imbatible en los primeros puestos de las taquillas españolas durante las últimas semanas.

Este 2020 ha quedado para la posteridad en lo que al ámbito del séptimo arte respecta.
La apuesta generalizada que ha hecho la Academia y la crítica especializada por Parásitos (2019) se ha convertido en toda una sorpresa dentro de la industria cinematográfica.


Si bien Bong-Jon Hoo, el responsable de tamaño éxito, ya había venido labrándose durante años una profusa carrera como director, no ha sido hasta este su último film que el realizador surcoreano ha visto reconocida su trayectoria de manera internacional.


Anteriormente había realizado para el mercado doméstico algunas cintas de thriller, ciencia ficción y misterio –géneros en los que parecía desenvolverse a la perfección–.


Memorias de un Asesino (2003) o The Host (2006) son sólo algunos títulos de esta primera etapa.


Tras ellos, el oriental logró dar el salto a producciones de índole internacional, contando entre sus repartos con actores y actrices de la talla de Chris Evans, Tilda Swinton o Jake Gyllenhaal.


Es así que metrajes como Rompenieves (2013) y Okja (2017), a pesar de ir dirigidos a un nuevo tipo de nicho que parecía confrontar con la particular forma de trabajar del cineasta, preservaban toda la impronta autoral que le había venido caracterizando.


Con Parásitos, Bong Jon-Hoo regresará a la temática de la lucha de clases, ya tratada con anterioridad bajo la fórmula de fantasía distópica en Rompenieves. No obstante, en esta ocasión lo hará a la luz de una realidad sin edulcorar, tomando como trasfondo para la acción su propio país natal.


En el filme, se nos relatará cómo un familia de clase humilde, los Kim, comienza a infiltrarse en el día a día de los Park, el otro acaudalado clan sobre el que recaerá el protagonismo en la cinta.

Poco a poco, la relación entre ambos se irá tornando más y más cercana sin saber muy bien a donde conducirá todo aquello.


Destaca la genuina aproximación que realiza el director mediante el espacio doméstico –siendo esto uno de los puntos fuertes del título– a uno de los problemas más importantes de nuestro siglo y que tanto afecta al mundo en general y a Corea del Sur en concreto como lo son las diferencias sociales.

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